Vida anhelada

Al abrir mis ojos en la luz del amanecer, miré a mi esposa, una mujer adorable. Se mira tan linda dormida, luce como un ángel, hermosa sin ningún rastro de maquillaje en su rostro. Agradezco a Dios y a la vida por ponerla en mi camino. Nos complementamos tan bien y nos apoyamos mutuamente. Tengo a la familia que siempre soñé.

 

Le besé la frente y me dirigí a la cocina para preparar el desayuno. Después de unos minutos regresé a la habitación. 

–Hola hermosa, buenos días. Levántate flojita, amor, te traje el desayuno, mi princesa hermosa.

–Gracias mi amor tú siempre tan lindo– contestó.

–Una princesa como tú se merece esto y más. Corazón, tenemos que alistarnos, quiero llevarlos a pasear. Iré a levantar al niño. 

 

–Chaparrito, ya levántate, campeón, no seas flojito. Vamos a desayunar, tenemos que alistarnos, mijo, vamos a salir.

 

Lo que mi esposa no sabía es que le tenía preparada una sorpresa. Organicé un baby shower y no tiene idea de nada. Gracias al apoyo de varias personas, amigos y familiares de ambos, todo está listo.

Ella pensaba que aún faltaban tres semanas para este evento. Lo que más me emocionaba es que ella no sabe el sexo de nuestro bebé, puesto que hablé con el doctor desde un principio para que asi yo pudiera sorprenderla. Estaba tan emocionado, pero a la vez muy nervioso.

 

Pasaron algunas horas, estábamos listos, subimos al coche y comenzamos el trayecto.

–¿A dónde vamos?– preguntó. 

–A Cajititlan, solo que antes pasaremos al salón La terraza, donde se llevará a cabo el baby shower para pagar el servicio.

–Sí amor, está bien– contestó.

 

Al llegar al lugar todo era silencio, dejé que ella se adelantara un poco y al cruzar por la puerta, le recibieron gritos de felicidades. Inmediatamente volteó su mirada hacia mí, corrió y me abrazó, sus ojitos se miraban tan llenos de luz, brillosos ,con un poco de lágrimas. Me besó y no dejó de agradecerme por esta sorpresa que no terminaba de creer. 

Tomé su mano y llevé a la anfitriona hasta su lugar reservado para que así pudiera disfrutar del festejo. No dejé de mirarla. Verla sonreír me hace tan feliz, soy muy afortunado por tener a esta bella familia.

 

Después de algunos juegos, llegó el momento tan esperado con algo de pirotecnia (no tan agresiva) y un globo gigante color plateado que en su interior contenía confeti de el color que daría la noticia del sexo del bebé, azul o rosa. Tomé una aguja, miré a mi esposa y en su rostro percibí la emoción y los nervios, y dije a los invitados: 

–Necesito la ayuda de todos. a la cuenta de tres el secreto será revelado, una… dos… tres… 

La aguja hizo contacto con el globo.

 

–Buenos días, señores, pase de lista. 

 

No puede ser. Solo fue un sueño más.

Mario

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