Consecuencias en cadena

UN NARQUILLO DE LA COLONIA ANDABA ECHANDO BALA, PERO LO QUE LE ENCONTRARON FUE DROGA

Ese fue el encabezado con el que fue señalado Armandito en las primeras planas del periódico local, y ya ven como el gritón del barrio siempre calienta el chisme. 

Era un domingo por la mañana, a principios del año 2011, y Armandito ya no podía con su alma después de haber bebido por tres días seguidos.

Él  siempre andaba de bronca en bronca, nunca se dejó de nadie, y nunca por ninguna razón perdía su estilo de “Mauricio Garcés”(según él), y aún como se encontraba de alcoholizado siempre trataba de pegar chicle con Julia, la cuñada de Santiago, un conocido revendedor de boletos de la colonia.

Armandito usaba todas sus tácticas para impresionar y conquistar a Julia, y la noche anterior estaba tan entrado que no se dio cuenta del auto en color blanco que acababa de estacionarse al lado de la camioneta de Santiago.

De la parte trasera de la camioneta salió un joven de la misma edad que Armandito, de unos 20 años aproximadamente.Armandito lo reconoció al verlo, era: Raúl, un sujeto con el que tenía problemas, y no solo con él, sino con toda su familia. Días antes, Armando le había propinado una golpiza a Eduardo, uno de los hermanos mayores de Raúl que no tardó mucho  y rápido hizo saber a Armando el motivo de su presencia.

— Dice mi hermano que si te le pegas un tiro— le dijó Raúl.

Armandito confundido y sin comprender bien lo que sucedía, se rio y dijo: 

— Pues tú dirás a cuál de todos.

Pobre Armandito, pensó que Raúl iba solo.

Entonces se escucharon voces a su espalda y Armandito volteó, viendo que, en un abrir y cerrar de ojos, ya tenía un puño justo enfrente de su ojo. El impacto surtió efecto, pobre Armandito cayó de puro culo, y cuando hizo el intento de pararse, una lluvia de patadas cayó sobre su persona, era Eduardo, quien días antes había sido víctima de unas patadas y los puños de Armandito. Venía a desquitarse, bueno, venían porque entre los dos le dieron la zapatiza de su vida, o al menos eso pensaba él.

Eran aproximadamente las once de la mañana, su día estaba comenzando y estaba lejos de terminar.

Nadie se metió a ayudarlo. Ya cuando lo dejaron de golpear, el pobre terminó todo arrastrado, la mitad de la cara la tenía inflamada, mientras de su ceja y nariz brotaba sangre; la cual hacía ver más brutal la golpiza que recibió.

Los agresores se fueron, pero Armandito no pensaba dejar las cosas así. Cegado de furia salió corriendo en dirección a casa de su amigo y socio: “el gordo”, y digo socio porque según ellos asaltaban a mano armada y andaban en la venta de marihuana, ambos contaban con armas de fuego para cualquier situación, y esta vez no era la excepción.

Justo a la vuelta de la casa de el gordo vivían los agresores junto con toda su familia.

Armandito decidido por la rabia y la golpiza que acababa de recibir, le pidió un arma a el gordo y este se la dio. Lo último que le dijo a Armandito fue:

— Gordo, Raúl y su familia ya se embarcaron, ahorita vuelvo, les voy a romper su madre. – Y sin decir más, salió corriendo en dirección a su objetivo.

Armandito llegó a la esquina de la casa del gordo y doblando a su izquierda: ¡Bingo!

Ahí estaban los dos hermanos junto con primos, tíos, sobrinos, hermanas, solo faltaba el perro; en pocas palabras ya lo estaban esperando.

Lo único que no tomaron en cuenta fue que Armandito iba armado y decidido a chingar a quien se metiera en su camino. La moneda estaba en el aire.

Javis

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