Richard Rodríguez

18 de abril del 2013, mediodía, iba en camino al penal de Chapala en una
camioneta RAM azul. Era una tarde soleada, sin idea alguna de lo que me
esperaba. Yo, una persona sin miedo alguno y con mucha seguridad en mí, fui
recibido en el penal como a eso de las 13:30 hrs del mismo día. Ingreso al penal,
me piden todos mis datos personales y de mi familia, después de que terminé de
dar mi información, esperé unos 15 minutos parado en ese mismo lugar. Solo
miraba a mi alrededor, personas con batas blancas, eran trabajadores de ahí.

Comencé a sentir miradas que me decían como si yo no fuera ya el mismo que
cuando estaba libre. Empecé a sentirme en otro mundo, cuando un custodio me
dijo: -Sígueme, Ricardo. Me lleva a unas regaderas y me dice que me desvista,
me bañe y me ponga la ropa que me había entregado. Era un pantalón y una
camisa café, cuando salí de bañarme, me vestí y luego me llevaron adentro de la
celda número 8.

Todavía no sabía cómo comportarme si gentil con las personas o tenía que sacar
mi instinto agresivo para que no fueran aprovecharse de mí, esto pensé antes de
entrar al pueblo, porque recordaba que en las películas tenías que ser así para
que te respetarán.

Bueno, entré a la celda #8 de ingreso y había alrededor de 10 personas, unos
recostados en su camarote otros jugando baraja y otros platicando, cuando entré
pregunté en dónde podía sentarme y me contestó uno: siéntate aquí y platícame
porque vienes, cada que llegaba alguien nuevo a la celda la costumbre era
preguntar por su delito, para saber así con quien vivían, pasó la tarde en pura
plática, yo todavía no asimilaba que sería la cárcel, llegó la noche y me dijo una
persona, “toma mi cama pero deja limpiarla” y le di las gracias, no sabía porque lo
hacía, pero no pude dormir, por tanta gente y mucha plática, al día siguiente miré
a toda la población del penal de Chapala, eran como 180 personas, unos jugando
fútbol y otros platicando y yo solo mirando.

Así pasaron los días, cuando al séptimo día llegaron los custodios y preguntaron
por mí.
-A sus órdenes.-
-Vas a pasar a población, vámonos.-
Me llevaron a la celda nueve donde me presentaron con mis nuevos compañeros
de celda y me dijeron que tendría que empezar como todos durmiendo en el suelo
y haciendo limpieza por una semana.
Llegó el primer día de mi visita y entró mi esposa con mis dos hijos y todavía todo
parecía normal, aún no era mucho tiempo, mis hijos en la escuela, mi esposa con
nuestro negocio de tintorería y planchaduría, todo era normal y con tres abogados
peleando mi caso, todo estaba tranquilo. Así pasó alrededor de seis meses,
cuando de repente, comienzo desesperadamente a pelear con mis abogados que
habían prometido conseguir mi libertad pronta por la cantidad de $400 mil pesos,
ya que mi esposa había dado la mitad $200 mil y la otra mitad sería al salir del
penal, entonces los abogados lograron conseguir una sentencia de 12 años
cuando mi sentencia era de 20 años, por homicidio.

Regresó un poco la calma a mi vida y los abogados decían que en tan solo 4 o 6
meses más quedaría libre, cuando firmé mi sentencia de 12 años, mi abogado dijo
que necesitaba 100 mil más para gastos y honorarios y decidí dárselos, bueno con
reducir la sentencia confié en él, pero a los días me llevaron al juzgado y me
dijeron que el Ministerio Público había apelado a mi reducción de pena, cuando me
regresé a mi celda, tomé una tarjeta de teléfono y llamé a mis abogados y no me
contestaban, le marqué a mi esposa y le dije lo que me había pasado y en varios
días el abogado seguía sin contestar, lo buscamos en su despacho y en otros
lugares en donde podría estar y no lo encontramos, pasó un mes y nada, me
volvía loco y no sabía qué hacer, me asesoraba con otros abogados y me
cobraban de nuevo unos 300 mil y otros 400 0 500 mil por mi caso y yo no sabía
qué hacer, ya no tenía esa cantidad en mis manos, bueno comenzamos a buscar ayuda con                                    mis hermanos  y otros amigos que tenían conocidos trabajando en el gobierno.

Logramos conversar con varias personas, me ayudaron a mantener la calma y
hablaron con el director del penal y con personas encargadas de seguridad, traté
de calmarme un poco, aunque mis visitas ya no eran alegres el llanto de mi
esposa e hijos en cada visita era lo mismo, decidí un día ser fuerte y seguir el
tiempo que fuera necesario y darle ánimos a mi familia, decidí entretenerme en
trabajar por mi cuenta y contratar a alguien para que me ayudara, comencé a
encargar material para elaborar cintos de hilo, bisutería, cintos de plata, huaraches
de hilo y cristal y comencé con 10 personas trabajando, todo lo vendía mi esposa
entre familiares y amigos, después que logré que mi negocio en el penal siguiera
su rumbo sin que yo lo cuidara. Había dos personas de confianza que cuidaban mi
negocio y comencé a organizar eventos deportivos en el penal, torneos y con ayuda del                                                  personal del centro pudimos otorgar diplomas para los primeros lugares y así tomara más                                           seriedad mis eventos.

Le dije que esto lograría quitar el estrés a la población y disminuiría los pleitos y
las peleas y así fue, aunque por el área de vigilancia no lo veían muy bien. Logré
hacer torneos de fútbol, básquetbol, ajedrez y formé un grupo de cristianos
también, se reunían a diario 2 horas por la mañana, conseguí una bocina para
escuchar alabanzas y regalando de vez en cuando pasteles, pays, tamales y
elotes con apoyo del equipo del reclusorio, logré ocuparme en algo así y pasé
2años y medio en ese penal, cuando me enfade del penal y del espacio tan
pequeño, decidí arreglar mi cambio para el preventivo, se me metió a la idea
porque todos en el penal decían que si yo fuera allá haría mucho dinero por mi
modo de trabajar y de mi comportamiento.

Hablé con el director y él me contestó asombrado; No sabes lo que estás diciendo,
lo que quieres hacer, allá es otro mundo, aquí estás bien y no corres peligro,
bueno 3 veces le dije y él no quiso y le dijo a mi familia que me sacaran esa idea
que no era bueno.

Por fin convencieron al Director y a mi familia de irme a otro penal más grande,
pues un día soleado y yo estaba jugando fútbol, llegó un oficial y me dijo Ricardo
arregla tus cosas vas de traslado y yo tranquilo, porque sabía que todo estaba
arreglado, tomo mis cosas y me llevaron a intima para esperar el traslado, llegaron
por mí como en una hora y me llevaron a preventivo, me recibieron y me
mandaron a la celda número 20. Comencé a salir al patio a convivir con mis
compañeros y pues a pensar qué hacer. Decidí pedir trabajo para ganar un poco
de dinero, recibiendo mis visitas un poco más tranquilo, porque el penal estaba
bien cuidado y más a gusto estaba mi familia en la terraza. Así continué por un
año y me llamaron para arreglar mis cosas para traslado al Metropolitano, yo no
sabía que había pasado, o a donde iba a ir, comencé a preguntar por qué a las
personas que estaban como responsables y sólo me contestaron que el cambio
venía de Dirección.

Tomé mis cosas y me llevaron a ingreso y me dijeron que me subiera a una
camioneta para trasladarme al penal del metropolitano, junto con otras 14
personas más de ahí.

Llegamos pronto y se escuchaban perros ladrando a lado de mis oídos, ya me
tenían aturdido y los oficiales gritaban, quítate la ropa y ponte esta y nos llevaron
al Centro de Observación y Clasificación (C.O.C) y ahí pasaron 15 días para
ingresar a pueblo, llegaron por mí junto con mis compañeros y nos llevaron al
módulo de celdas especiales y nos dijeron que les gusta la tranquilidad, la limpieza
y que no tengan vicios y le contesté a mí también me gusta eso y no tengo vicios.

Comencé de nuevo en otro penal, aquí fue un poco más difícil lo del trabajo, por
las restricciones que había para ingresar material, por ser un penal de media/alta
seguridad, se dio la oportunidad de empezar a ir a cursos, como el de superación
personal, después seguí tomando cursos y hasta ahora ese sigue siendo mi
pasatiempo, tanto como talleres y leer la biblia. Mi estancia en este penal del
Metropolitano, me ha ayudado mucho a tomar más conciencia de las cosas, a
valorar mi vida, a quererme, y así también a valorar a mi esposa e hijos, creo que                                                          he cambiado más porque me he dado el tiempo necesario para saber qué es lo                                                                que quiero hacer una vez que termine mi sentencia.

El día que Dios me conceda mi libertad, mis planes son el demostrar a mi familia
el cambio que yo adquirí aquí en prisión, primeramente, dando un ejemplo como
esposo, padre, hijo, hermano y ciudadano; de igual manera, ser un apoyo para
toda mi familia, y enseguida continuar con proyectos de superación económica,
porque siempre me ha gustado crecer como comerciante y empresario. Me gustan
mucho los negocios y mis principales metas son que el negocio que emprenda,
hacerlo crecer constantemente y ser un buen ejemplo para todos.

Estoy preparado para ese día, antes no lo sentía así; el paso de los años y los
estudios me han ayudado a ser otra persona, mis pensamientos y mis consejos
ahora son muy diferentes creo y siento que ahora sí soy necesario en la calle.

 

Roger Toledo