Gaby Toledo

Hace ya bastantes años cuando andaba iniciando mi segunda década por la tierra,
viví la llamada experiencia del 4to y 5to paso, y si bien recuerdo, nos advirtieron
que nos caería una maldición siete veces siete si nos atrevíamos a contarla, pero
aun así, me parece que ya es tiempo de hablar sobre lo ocurrido aquellos días y
noches en alguna “hacienda” de algún lugar del estado de México.

Hay algo que nunca me ha dado pena contar, y es sobre mi padre y su
alcoholismo, desde tengo uso de memoria fue así, cabe resaltar que en mi infancia
fui realmente feliz, mis padres eran muy jóvenes andaban por los 18 o 19 años
cuando decidieron hacer su propia familia, tuve padres jóvenes, un padre rockero,
que le gustaba competir en carreras de motocroos y vivir aventuras inimaginables
llevándonos a pasear a mis dos hermanos a mi madre y a mí en una moto honda
150 cc. y una madre, proveniente de una familia bien, súper alivianada casi hippie,
que se enamoró del rockero del barrio amigo de su hermano, pero esa es otra
historia, hablamos del alcoholismo de mi padre, aunque en los años de mi infancia
no me afectó, al pasar los años crecía también mis deseos por querer ayudarlo,
así fue como un día una prima me invito a una de las juntas que se realizaban
todos los martes y jueves por la noche cerca de donde vivía.

Para poder ser aceptada en su “grupo de apoyo” por llamarlo de algún modo, fui
sometida a una entrevista en la que me preguntaron mi relación con el alcohol,
cada cuando bebía y si me sentía en problemas, recuerdo perfectamente que les
respondí que no tenía problemas de alcohol, que no era ese el motivo por el que
me encontraba allí, pero después supe que me declararon en la fase de la
negación y por ese motivo fui aceptada sin mayor problema.

En las juntas previas a vivir la experiencia platicaban sobre sus vivencias de las
cuales se arrepentían ocasionadas por el efecto del alcohol o las drogas, por amar
demasiado, por no controlar sus nervios, estrés, trastornos alimenticios y en
general por cualquier demonio que los estuviera atormentando o con el que se
encontraban luchando una batalla que según ellos sería eterna.

Había una chica más joven que andaría en sus dieciséis, que en cada junta
llegaba con un pequeño grupo de amigos en motonetas los cuales se encargaban
de servir café y dar cigarros aunque no se los pidieras ya que en mi caso ni fumar
sabia, pero el chiste era agarrarse de un vicio si se pretendía dejar otro, no suena
nada racional pero al parecer les funcionaba dicho método, volviendo a la chica
de la que nunca supe su nombre pero no se me olvida su cara ya que a pesar de
ser tan joven tenía algunas cicatrices que me daban la impresión que su vida no
había sido fácil, desgraciadamente cuando llego el día de hacer el viaje que nos
llevaría a vivir la experiencia, la chica no llego, nos enteramos que había sido
arroyada por un auto al salir en estado de ebriedad de un antro.

El grupo que si habíamos llegado al punto de reunión nos sentíamos cabizbajos,
pensar que era una niña que tenía todo por delante y que de alguna manera
estaba tratando de buscar ese rayito de luz en su oscuridad producida por quien
sabe que situaciones, pero que sin lugar a dudas ella era la víctima. Pero pronto
algo hizo que cambiara nuestra sensación de tristeza por intriga, pues nos
vendaron los ojos nos hicieron subir a una camioneta y alrededor de 45min, y al
detenerse nos bajaron, escuchamos claramente como la camioneta encendió su
motor y su ruido se fue desvaneciendo hasta que supimos ya estaba muy lejos
para correr detrás de ella, por fin nos quitaron las vendas de los ojos y lo primero y
lo poco que alcance a ver por la oscuridad de la noche fue a un grupo de personas
en un círculo que rezaban alguna especie de oración y en ese momento fue
cuando pensé que estaba en algún ritual y que no podría escapar tan fácil y
aunque lo logrará no tenía idea de en donde estaba.

Roger Toledo