Alberto Martinez

18 de octubre de 2019, básicamente la misma rutina diaria en este lugar y en todo
el tiempo que tengo aquí recluido. 1386 días para ser exacto, esperando
impaciente alguna respuesta favorable para mí, pero debo decir que en verdad mi
tiempo se hace eterno y mi paciencia se agota al pasar los días, pero la esperanza
sigue ahí. El apoyo de mi familia me llena de fuerza y valor para seguir adelante,
sin dejar a un lado la fe que tengo de algún día obtener la oportunidad de salir
pronto de este lugar para abrazar a mi familia y quitarles este peso y sufrimiento
de encima. Sentirme como una ave que permaneció enjaulada por mucho tiempo
y por fin fue liberada y pudo abrir sus alas para así volar libre por el viento. Salir
buscar a mi hijo de nueve años al cual tengo dos años y medio sin verlo, poder
abrazarlo y decirle cuánto lo amo y cuánta falta me hace.

Por un lado, es muy bueno ver cuando algunos compañeros se van libres, gracias
a Dios tienen esa gran oportunidad, pero no para todos son buenas noticias, ya
que hay quienes desgraciadamente son sentenciados por varios años 50, 40, 25,
o 20; Se puede percibir la tristeza en su rostro y la pesadez en sus palabras, toda
esperanza ha quedado muerta y al ver estas situaciones nos crea incertidumbre,
ya que estamos propensos a pasar por lo mismo. Por otro lado está el compañero
que ya tiene recluido más de 20 años y que en el transcurso perdió a sus padres,
un hijo o algún miembro de su familia, se nota el dolor en su mirada, pero trata de
ser fuerte y  aparentar que todo está bien para no dejarse caer más, sin embargo
la impotencia, , el coraje y el dolor que todo esto le causa lo invade.
También está aquel compañero que al caer a la prisión su familia lo dejó solo y
para ellos ya no existe, quedó en el olvido, peor que si hubiese muerto, su mundo
llena de tristeza, sufrimiento, rencor y decepción para él mismo.

Dentro de la cárcel existen muchísimas historias de personas que también sufren,
somos personas que también tenemos sentimientos, sentimos dolor, la felicidad,
angustia, tristeza, soledad, alegría y amor. No sólo por estar aquí quiere decir que
no sentimos nada, o que nada nos dobla, que somos de lo peor; todas las
personas nos equivocamos y tendemos a cometer errores en la vida, pues
ninguna persona es perfecta, tropezamos y caemos, pero también tenemos
motivos para cambiar y caminar firme por el camino y no volver a tropezar.

En este lugar nos damos cuenta de muchas cosas, por ejemplo, nuestra actitud,
nuestra forma de ser y los errores cometidos, los analizamos y nos damos cuenta
de muchos detalles a los cuales jamás les tomamos importancia; uno de ellos es el dolor y sufrimiento que le causamos a nuestra familia y también cómo ellos viven el encierro, porque cuando ellos tienen algún problema afuera o si pasa algo en el entorno familiar, se privan de contárnoslo para no causarnos más angustia o alguna mortificación, por el simple hecho de no darnos más problemas. Muchos de nosotros queremos pensar que este es sólo un mal sueño del cual queremos despertar.