Eduardo

En este lugar de reclusión pasan muchas cosas por mi cabeza, pero la más difícil de superar es mi encierro, y no el físico que todos lo sabemos porque lo vemos, sino el mental (emocional) y el espiritual, pero no me daba cuenta, porque no lo veía ni lo sabía, pero gracias a este tiempo de bendición de mi SEÑOR DIOS he logrado superar en gran medida esta situación, y claro, a las actividades que este centro me proporciona para mantenerme ocupado, debido a esto he comprendido y aprendido a salir bien librado de mis batallas que a diario tengo y, es que en un inicio fue muy difícil entender esta situación, por otro lado, también la experiencia vista y contada por los demás, me ha ayudado a no caer en ese tremendo encierro mental que llega a los extremos de perder la vida o hacer actividades, que gracias a Dios no me sucedió. 

Recordando las ojeras que marcaban mi rostro, mi soledad, la autodestrucción, siempre pensando mal de todo y de todos, con una angustia y un miedo incontrolables, que ya se había acabado de mi vida, no le veía sentido el seguir, total, un cataclismo, pero el amor de Dios es más grande que cualquier cosa mundana, siempre me ha puesto los medios para estar y cumplir la misión que tengo señalada; mi familia es otra parte importante para seguir luchando contra mis demonios y lograr dar lo mejor de mí para todo mi alrededor, y así no volver a equivocarme en lo mismo. 

Trato de evitar contaminarme y, en consecuencia, caer en el encierro que los demás, pero hay veces que es tan densa la nube tóxica que termino por sucumbir solo un rato.