Lucy Ruíz, Jesús Becerra y Richard Rodríguez

A lo largo de la historia hemos imaginado a los ajenos: aquel o aquella que no pertenece a nuestro mundo cotidiano, que no camina por nuestros rumbos, que no comparte nuestros círculos sociales, que tiene características que le colocan en un grupo marcadamente diferenciado del que nos desenvolvemos. Vivimos apretujados en mundos que vamos llenando de las cosas que nos gustan y queremos ver, sobre las cuales queremos escuchar, las que nos ocupan. La cárcel es un tema que no ocupa a mucha gente, sobre todo si se tienen libres a las personas que constituyen ese mundo.

Lo que desde el exterior llegamos a conocer sobre la cárcel generalmente ha sido visto por ojos que no son los nuestros y ha corrido de boca en boca hasta llegarnos de manera casual. Rumores y algunas notas periodísticas, casi siempre descrito como el recipiente donde las personas que dañan nuestra propiedad deberían estar, quienes nos dañan, quienes nos podrían dañar. Este texto evidentemente se dirige hacia quienes la cárcel les ha significado ese mundo incomprensible que, aunado a la poca información pública a la que podemos acceder en México, ha alimentado el vuelo de la imaginación entretejiendo mitos alrededor de esos altos muros y de las personas que los habitan, por lo que consideramos que es importante conocer la perspectiva desde las personas privadas de su libertad sobre sus propias experiencias.

Con la intención de contribuir al diálogo que creemos necesario comenzar a crear entre ajenos, hemos decidido preguntarnos y exponer asuntos de interés que se sumen a los conocimientos ya existentes de ciertos fenómenos carcelarios como lo es el autogobierno, o sea, una organización de personas privadas de su libertad (ppl) con funciones de autoridad que existe en la mayoría de los centros penitenciarios del país. Con este fin, un grupo estudiantes pertenecientes al Think Tank del Reclusorio Metropolitano creó y aplicó un cuestionario de cinco preguntas abiertas a seis compañeros del Metropolitano que han estado presos en un centro con autogobierno. El Metropolitano es el primer centro penitenciario del estado de Jalisco en recibir la acreditación Internacional por parte de la American Correctional Association (ACA) aprobando satisfactoriamente los ejes de evaluación, por lo tanto la gobernabilidad del mismo. Gran parte de su población actual ha sido trasladada desde el Reclusorio Preventivo del Estado de Jalisco, el cual difícilmente ha pasado los estándares de calidad evaluados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

De dicho cuestionario se obtiene que es generalizada la tranquilidad de las familias de los sentenciados desde que están el Reclusorio Metropolitano ya que tienen conocimiento de que hay mayor control por parte de las autoridades y menos conflictos entre internos, ventajas que son preferidas sobre las comodidades que podrían tener en otros centros menos restrictivos con respecto a las visitas, a la comida que se les puede llevar, así como la obtención de beneficios por parte de las ppl. También consideran que una de las principales causas de las riñas y de la poca gobernabilidad de los centros penitenciarios, específicamente del Preventivo, se debe a la sobrepoblación. Uno de los entrevistados hace referencia a la tranquilidad que tiene desde que comparte celda con sólo dos compañeros, destacando que la misma cuenta con agua corriente, lo que nos evoca la ausencia de instalaciones adecuadas y por lo tanto los problemas que pueden surgir al vivir en un espacio con deficiente infraestructura y un montón de gente.

Explican que el autogobierno es un mal necesario cuando el sistema penitenciario no cuenta con la infraestructura, la tecnología ni la capacidad para tener bajo control a tanta gente. Tampoco es que sea el reino de los presos, al final esta es otra cadena de mando a la cual responder pero que les permite vivir más como afuera, llegar a acuerdos, obtener beneficios en ciertas ocasiones pero este poder no está totalmente de su lado sino de quienes lo ostentan, de ahí que muchos paguen las consecuencias al disputarse mejores puestos dentro de dicha organización “no tomando en cuenta que su puesto va a ser reemplazado” como dijo uno de los encuestados que agradeció a Dios haber podido salir de ahí. Por otro lado, los entrevistados notaron que las visitas están más restringidas: menos tiempo, menos días, mayor la revisión. Saben que algunos beneficios y lujos de los que gozaban en el “Preventivo” o viviendo en libertad difícilmente regresarán sin un autogobierno, pero esperan más oportunidades para trabajar y mantener a sus familias, más áreas recreativas y otras actividades que les hagan menos deprimente la estancia en este centro.

Consideran que las acreditaciones internacionales y el estatus que tiene actualmente el Metropolitano generan un trato más humano y apegado al reglamento por parte del personal. Estas condiciones les generan cierta tranquilidad y sirven para continuar esta sección de reflexiones. Conscientes de que actualmente las posiciones en este diálogo son desiguales y meramente exponenciales, consideramos que cada esfuerzo va rompiendo los muros, no los materiales pero sí los muros que nos impiden vernos parte de la misma sociedad, así que hasta leernos en el próximo ejemplar aquí adentro seguiremos preguntándonos en voz alta y buscando las formas de llegar ahí afuera.