Fernando Pineda

 

 

Diego Sebastián R.

Aún no olvido el día que llegué a este horrible lugar. El impacto emocional era incomparable,
pensaba en lo que tenía que hacer para encajar en este sitio con gente que nunca había visto, sin
que fuera un problema. Tenía que observar en silencio, hacer mi propia crítica y trazar una línea
que no me desviara en donde pensaba: “Si voy a vivir en un lugar así, tengo que aprender a vivir
de esa manera, enjaulada”. Todavía me lastima recordar esos momentos de mi llegada.

Aquí en el encierro, cada quien va trazando sus propios planes de supervivencia para protegerse y
superar las adversidades que se presentan. Desde el encierro, he visto llegar a muchos y también
irse. He visto a los que sus familias los han abandonado, a los que han caído en una adicción
mortal. Todo esto te cambia la vida, te da vueltas difíciles de interpretar.
En el encierro vivimos un día más y otro día, sin planes, sin futuro, con un pasado que no vale la
pena recordar, porque aunque hayan sido momentos terribles de tu vida, sus consecuencias hoy
quedan para siempre. Tienes que soportar los padecimientos psicológicos, emocionales, una
tortura que te debilita, te sepulta, en donde la justicia no llega, te olvida, donde la ley no se puede
cumplir donde no sabes si el juicio es justo o no. Así es tu reclusión, en la oscuridad absoluta.
Y me pregunto, ¿hacia dónde vamos, qué sociedad es esta, quién aprueba el examen, quién evalúa
a quién?, Tan preocupados estamos en nuestras vidas que las decisiones que tomamos, o que
otros toman por nosotros, no las pensamos, pero sí las vivimos, las padecemos, las sufrimos. Y
aunque la paciencia tiene un límite, la justicia no llega. Está dormida.

Es por eso que las gracias le doy a los compañeros de adentro y de afuera que han sido parte de
mi aventura y que en este gran proyecto de Inside-Out donde hemos platicado el mismo idioma,
eso ayuda, da ganas de seguir adelante y creer que lo imposible puede ser posible. Y ahora Uds.,
mujeres de la UdeG, de Colombia, Argentina y Australia, forman parte de mi historia que aún no
termina.