Christopher Isaac Mireles Ortega

Esta es una historia que aconteció hace muchos años en el famoso Hospital Juárez de la Ciudad de México, una de las instituciones médicas más emblemáticas de la capital. Se cuenta que por las noches, aparece en los pasillos una enfermera atraviada con uniforme que parecía de otra época, pulcramente blanco y almidonado. Es ella quien visita de noche a los pacientes, tomándoles los signos, administrándoles medicamentos, para asegurarse de que se encuentren con bien, experimentando varios de ellos una mejoría prácticamente milagrosa al día siguiente. Dicha aparición, según dicen por ahí, no es otra sino el fantasma de Eulalia, una joven y guapa muchacha que laboraba en el hospital antaño. Todos los que la conocían la apreciaban por su profesionalismo y cariño hacia los enfermos, así como el impecable estado en que mantenía su vestimenta.

Cuentan que Eulalia se enamoró locamente de un médico recién egresado de la facultad, quien sabiéndose apuesto y con brillante porvenir no dudaba en coquetear con todas las enfermeras. Cuando Eulalia le declaró sus sentimientos los dos se hicieron novios, siendo ella la más entregada en la relación. Finalmente llegó el día en que le propuso matrimonio cosa que ella aceptó con ilusión.

Un día, su pareja le dijo lo siguiente, “Me marcho mañana a un congreso fuera de la ciudad un par de días. Termina de preparar nuestra boda porque cuando regrese, tu y yo seremos por fin marido y mujer.” Eulalia muy contenta se ocupó de tenerlo todo listo para el gran día, sin sospechar la desilusión que estaba por llevarse.

Historias “La planchada del Hospital” Ocurrió cuando uno de sus colegas la invitó a acompañarla a una fiesta, a la cual ella se negó, arguyendo que esperaba la llegada de su novio pues al día siguiente se casaban.

“¿Pero no lo sabes, Eulalia? ¡El doctor precisamente se acaba de casar con su prometida y esa no puedes ser tú! Él renunció precisamente porque se iba de luna de miel y al volver trabajar en otro sitio.” Quebrada por el amor ella se sumió en una profunda depresión y descuidó su trabajo. Ya no era amable con los pacientes ni los cuidaba como antaño. Varios llegaron a morir a causa de su negligencia sin que a ella le importara. Cuando Eulalia también cayó enferma fue internada en el Hospital Juárez, donde días más tardes falleció. Y entonces comenzó leyendo.

Enfermeras, médicos y muchos otros individuos del personal juraban verla aparecer por las noches, así pasaron los años. Se conservaba joven y bella, con el mismo atuendo de enfermera que usaba en sus días y gracias al cual la bautizaron como La Planchada: pues jamás se habían visto ropas tan inmaculadas y carentes de arrugas. Los galenos que se quedaban dormidos en su guardia recibían misteriosas palmadas que los despertaban en medio de la madrugada. Los pacientes se sobresaltaban al mirar como aquella extraña mujer los atendía con toda disposición.

Se dice que Eulalia es un alma por pena por las áreas de los más enfermos, en cama, desahuciados, como castigo a la crueldad que les mostró en sus últimos meses de vida.